El balón intragástrico y su efectividad como medida para perder peso

24 Mayo 2018

En este artículo revisitamos el estudio de revisión que un equipo de científicos ha realizado analizando la efectividad de la implantación del balón intragástrico como tratamiento contra obesidad.

Aunque este estudio no es nuevo y se remonta al año 2010, se trata de un estudio muy importante. Y no sólo por las conclusiones derivadas del mismo.

Parte de su importancia radica en que se trata del estudio que ha hecho un seguimiento durante un período más largo de los pacientes que han recibido tratamientos basados en la implantación de un balón intragástrico, siguiendo su evolución durante un período de 5 años.

Las conclusiones derivadas de este estudio resultan muy interesantes.

Por un lado el estudio concluye que la efectividad a la hora de perder peso del tratamiento basado en el balón intragástrico es similar a la obtenida siguiendo únicamente las pautas de alimentación recomendadas tras su implantación.

Este estudio pone así de manifiesto que, si la implantación del balón intragástrico no se acompaña de un cambio en los hábitos de alimentación del paciente, sólo resulta efectivo durante el período en el que está implantado.

Durante este período de tiempo, que suele oscilar entre los 3 y los 7 meses, el paciente bajará de peso. Esto se debe a que el balón intragástrico reducirá la capacidad de su estómago y con ello la ingesta máxima de alimentos que puede realizar.

Pero si durante este tiempo el paciente no ha modificado sus hábitos nutricionales, una vez retirado el balón intragástrico, volverá a recuperar el peso perdido.

Por tanto, el balón intragástrico puede resultar efectivo como medida de ayuda a la hora de cambiar hábitos alimenticios inadecuados en personas que sufren diferentes grados de obesidad.

Sin este imprescindible cambio en los hábitos alimenticios, la efectividad del balón intragástrico es prácticamente nula y su efecto se reduce a conseguir una pequeña pérdida de peso a corto plazo.

Según el mencionado estudio, realizado sobre un total de 118 pacientes, esta pérdida de peso es de tan solo unos 2 kilos en media al cabo de 5 años.

Quizás esta baja efecitividad a largo plazo sea el motivo de que este tipo de tratamientos sólo hayan estado permitidos por la administración estadounidense entre los años 1985 y 1988 y que no hayan vuelto a estar autorizados hasta el año 2015. Y puede que sea también el motivo que hace que la aplicación de este tipo de tratamientos dentro de nuestro sistema sanitario público sea muy escasa.

Este hecho contrasta con lo ocurrido fuera de los Estados Unidos, donde los tratamientos basados en la implantación del balón intragástrico son cada vez más populares.

Esta popularidad se da a pesar de los datos relativos a la baja efectividad a largo plazo que el balón intragástrico ha logrado demostrar entre la población afectada por el sobrepeso.

Pero para este sector de la población este método resulta muy atractivo. Esto se debe a que es contemplado como una solución sencilla al no requerir de una intervención quirúrgica ni de un posterior período de convalecencia.

Llama poderosamente la atención esta creciente popularidad del balón intragástrico a pesar de ser un tratamiento no costeado por la Seguridad Social y no ser un tratamiento barato.

Actualmente su implantación se realiza, en la práctica totalidad de los casos, en clínicas privadas especializadas en el tratamiento de la obesidad.

Fruto de esta popularidad entre los pacientes obesos, nuevos dispositivos similares al balón intragástrico están apareciendo en el mercado.

Entre ellos cabe destacar el caso de la conocida como Cápsula EllipseTM.

Se trata de una cápsula de pequeño tamaño que se ingiere unida a un delgado tubo. Una vez que la cápsula alcanza el estómago, ésta puede ser hinchada a través de este tubo. Una vez inflado por completo el dispositivo, la cánula puede ser retirada.

El creciente éxito de la Cápsula EllipseTM se debe a que ni siquiera es necesaria la realización de un procedimiento endoscópico para su implantación.

Tampoco es necesaria la aplicación de anestesia, ni local ni total.

Además, la Cápsula EllipseTM tampoco requiere de intervención quirúrgica ni endoscópica para su retirada.

Esto se debe a que se trata de un dispositivo que se degrada por la acción de los ádicos y enzimas contenidas en el aparato digestivo y que se elimina de forma natural aproximadamente a los 4 meses de su implantación.

Sin embargo, esta cápsula tiene el mismo principio de funcionamiento que el resto de balones intragástricos y por tanto presenta también sus mismos problemas.

Esta cápsula también provoca complicaciones similares a las ocasionadas por el balón intragástrico.

Los tratamientos contra la obesidad basados en la implantación del balón intragástrico resultan efectivos para lograr una pérdida de peso previa a la realización de una intervención de cirugía bariátrica. Esta pérdida de peso permite reducir los riesgos de la intervención quirúrgica.

Pero como pone de manifiesto este estudio, los tratamientos basados en el balón intragástrico tampoco están exentos de riesgos.

Aunque su implantación y posterior retirada no requieren de intervención quirúrgica y se realizan mediante un procedimiento endoscópico, tras su implantación no es infrecuente la aparición de algunas complicaciones como úlceras y diversas erosiones gástroesofágicas.

También ha habido casos extremos en los que algunos pacientes han sufrido pancreatitis aguda o perforaciones esofágicas o gástricas tras serle implantado el balón intragástrico.

En estos casos no ha resultado posible determinar si estos graves problemas fueron producidos por el propio balón intragástrico o por una incorrecta implantación del mismo, siendo esta última la causa que parece más probable.

A la vista de este estudio y todo lo ya expuesto parece conveniente tratar de desterrar la idea arraigada entre la población con sobrepeso que asocia al balón intragástrico la capacidad de perder peso de forma rápida, sin complicaciones y sin necesidad de una intervención quirúrgica.

Como señala este estudio, la pérdida de peso obtenida tras la implantación del balón intragástrico se recupera a largo plazo si no va acompañada de un cambio permanente en los hábitos de vida del paciente.

Aquellas personas aquejadas de obesidad o que deseen perder peso y para las que no han funcionado las dietas ni los tratamientos convencionales no quirúrgicos deben ser siempre examinadas por un médico especializado en el tratamiento de la obesidad.

Sera este facultativo el que decida cuál es el tratamiento que resulta más adecuado para su caso.

Del mismo modo, el balón intragástrico sólo debería ser implantado en aquellos casos en los que un médico especialista en el tratamiento de la obesidad así lo recomiende tras haber examinado al paciente y haber estudiado su caso.


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